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IGNACIO DOMEYKO: 210 AÑOS DE LEGADO

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IGNACIO DOMEYKO: 210 AÑOS DE LEGADO

 

Hace unos días me llamó un gran amigo historiador y abogado, Gastón Fernández, protector de nuestra historia minera, consultor del Consejo de Monumentos Nacionales y miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, para señalarme que en la Embajada de Polonia exhibieron un documental que me tocó realizar cuando se conmemoraban 200 años del fallecimiento de Ignacio Domeyko, y donde su descendencia hacía gestiones ante el Vaticano para nominarlo para su beatificación bajo el rótulo del "primer sabio santo". 


Si bien, fue a comienzos del año 2002, en que pude lograr una estrecha vinculación con los descendientes directos de la familia de Ignacio Domeyko, no fue hasta el año 2005 en que pude conocer con más cercanía y detalle a una mujer de excepcional memoria, y por sobre todo, de gran admiración por su abuelo. Me refiero a la distinguida Anita Domeyko. Hasta ese entonces con sus 103 años en el cuerpo, la única nieta viva del recordado naturalista de origen polaco-lituano, quién repasó junto a mi una serie de pasajes increíbles de nuestra historia aristocrática, donde los intelectuales y políticos se reunían en largas tertulias a discutir puntos de vistas e intereses propios de su contexto epocal.  

 
"Recuerdo como si fuera ayer, los pasajes que me contaba mi padre sobre el abuelo Ignacio. Los domingos de verano disfrutaba almorzar en el patio de la casona enclavada en la calle Cueto. Era muy respetado, y siempre dispuesto a escuchar a cuanto samaritano y personaje ilustre lo visitara en aquella época. Bajo la sombra proyectada por parronales y naranjos lo refugiaban a él y a sus amigos, destacando sus largas pláticas con Rodulfo Philippi y Claudio Gay”. Con esa facilidad de labia, hacía sus racontos Anita Domeyko, quién hoy descansa en paz junto a su añorado abuelo.

Ana Domeyko, la nieta del naturalista  que vivió hasta el año 2006 en el inmueble de calle Cueto.

También pude compartir en varios momentos junto a Paz Domeyko, bisnieta de Don Ignacio -actualmente radicada en Australia- quién heredó no sólo el interés por la historia de su ancestro, sino además la sensibilidad de la pluma, pues se animó a publicar hace ya siete años el libro "Ignacio Domeyko, la vida de un emigrante". Un texto sin precedente, y en el cual deslinda que la casa de su bisabuelo era frecuentada a mediados de 1800 por influyentes personajes, desde el propio Presidente Manuel Bulnes, pasando por el general José Santiago Aldunate, y los entonces ministros Manuel Montt, Antonio Varas y Manuel Antonio Tocornal, por citar algunos nombres de quienes movían los hilos una joven nación que comenzaba a abrirse camino de forma sigilosa de cara al mundo.

Pero muchos de estos recuerdos quedarán sólo en eso, ya que una parte importante de la vieja casona colonial será vendida. La misma que hasta hace tres años los descendientes directos del erudito Domeyko intentaban promover como un potencial museo. Incluso llegó a constituirse una fundación sin fines de lucro para lograr llevar a buen puerto la iniciativa. Sin embargo, no tuvieron eco, y el proyecto se fue diluyendo en el tiempo.

Y aunque el  tiempo pasa, y la casona colonial ya no existe como era la concepción de su arquitectura original, pues la mitad del bien inmueble fue vendida por sus descendientes hace siete años. No obstante, en la mitad no vendida, aún permanecen ahí óleos de afamados muralistas ecuatorianos, textos, muebles, maletines de recolección de especies, lupas, espadas, escudos de armas, y diversos utensilios. 

 

Aquí se observa la fachada de la casona estilo colonial de la casa en que vivió el sabio naturalista hasta su muerte en 1889.


Actualmente, el gobierno polaco mantiene un acuerdo con la Fundación Casa Domeyko -con personalidad jurídica desde el 2004- para aportar recursos en la mantención del inmueble, el cual demanda más de 1 millón de pesos mensuales. Sin duda un aliciente para que las autoridades culturales nacionales preserven debidamente un patrimonio tangible que debe ser perpetuado en el tiempo. Si porque muchas otras parte de sus pertenencias, colecciones minerales, cuadernos de anotaciones e ilustraciones se encuentran dispersas entre la Biblioteca Nacional, el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, además de existir diversas piezas en el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago, en la III Región, y en dependencias de sus herederos directos, familia que en la actualidad ya suman más de 180 dispersos a lo largo de todo Chile.

Sin duda, un patrimonio cultural desconocido para muchos, pero disponible para ser conocido ante los ojos curiosos chilenos y extranjeros interesados en explorar un cúmulo de pertenencias y objetos bien conservadas utilizadas por el primer Domeyko en llegar a este largo, angosto y austral territorio del orbe, con la misión de hacer ciencia, educar, explorador y describir con detalle todo aquello que observó de nuestra indómita e inexpugnable naturaleza de aquellos tiempos.

CONSAGRADO PASADO
Muchas de las llamadas investigaciones naturalistas, efectuadas a lo largo de todo el mundo, dieron paso a significativos y sorprendentes hallazgos, abriendo espacios para la conformación de nuevas y osadas teorías, las que al mismo tiempo generaron estrepitosos debates en diversos círculos políticos, intelectuales y religiosos, pero que sin duda, contribuyeron a dar paso al cultivo y consolidación de nuevos saberes.


Así lo entendió Ignacio Domeyko, quien naciera en el antiguo reino unido polaco-lituano y que, por aquel entonces, dichas tierras se mantenían bajo la ocupación Rusa. Sólo hasta 1795 formaron parte de Lituania, que por más de 300 años se habían encontrado anexadas a Polonia en una confederación.


Con el pasar del tiempo, Domeyko se transformó en un prominente estudioso de las ciencias naturales, la física y la química, destacando su obsesión por la mineralogía, titulándose en la famosa Escuela de Minas de París hacia 1837. Allí se encontraba, cuando el destino le deparó un giro inesperado y definitivo a su vida: Chile.


Un buen día, en medio de la convulsionada Europa, se le notifica a Domeyko la posibilidad de efectuar un viaje a Chile -que le tomaría tres meses en barco-, ya que se requería dar impulso al estudio de las ciencias naturales y las técnicas geológicas. Para ello el gobierno, a través de Charles Lambert, contrató en París al especialista polaco, quien a partir de 1838 comienza a desempeñarse como profesor de química y mineralogía en Coquimbo, exportando consigo una hibridez implícita, que oscilaba entre su potencial científico e intelectual, el afán aventurero, su ferviente pasión católica, a lo que se sumaban ciertas habilidades artísticas y gran capacidad descriptiva.


En síntesis, llega a Chile una suerte de hombre de ciencias multiproposital, quien consagra su vida al desarrollo de una nación, la cual agradecida por su entrega y legado, a la postre le otorgaría la nacionalidad chilena por gracia.

PERFIL DE UN SABIO
Domeyko fue un hombre sencillo y desapegado del materialismo, que vivió una vida a veces dura, pero también llena de satisfacciones y logros. Un hombre políglota, perfeccionista, de profunda fe, moralista y estudioso. Su mente deslumbrante se impuso con sorprendente notoriedad en el desarrollo de la entonces joven nación, instaurando una dinámica distinta de hacer docencia, para lo cual estableció rupturas paradigmas, situando a Chile a la vanguardia de la producción investigativa y científica de la época en la mismísima Europa, poniendo término, junto con el trabajo de otros importantes naturalistas, al silencioso anonimato en el cual se encontraba sumida nuestra floreciente nación en esos años.

Fue precisamente este hombre, nacido en Polonia, quien logró impresionar con sus rigurosas publicaciones -oportunas, necesarias e inéditas-, postulados y estudios de campo, a quienes dirigían los destinos de Chile en plena era independentista. Su laborioso y metódico trabajo en áreas tan diversas del saber, como la geología, mineralogía, paleontología, física, matemáticas y química, arrojaron las primeras luces sobre en que áreas se debía reforzar y reformular la educación en Chile.
Gracias a su obstinado perfeccionismo, espíritu visionario, perseverancia y pasión por el trabajo, permitió a los chilenos ampliar el conocimiento y percepción del entonces inexpugnable territorio nacional, ya que logró describir con gran precisión las características físicas y geográficas, a través de sus exploraciones por el desierto, pasando por las imponentes cordilleras de Copiapó y los Andes, hasta llegar a las convulsionadas tierras de Arauco, junto con catalogar y clasificar decenas de hallazgos florales, arbustivos, minerales, meteoríticos y fosilíferos, para luego, registrar sus observaciones, estudios y vivencias en los “Anales” de la Universidad de París y de la Universidad de Chile, en cientos de cartas y sendos escritos de carácter científico, fruto de su inagotable producción.

Se estima que tras su intensa actividad, Domeyko recorrió aproximadamente más de 10.000 kilómetros investigando Chile, especialmente por la montaña, montado a lomo de mula y caballo, para lo cual debió abrir nuevas rutas y transitar por escasos senderos ya existentes. Todo lo anterior, con el propósito de recolectar muestras para el laboratorio, inventariar especímenes y conocer los innumerables yacimientos mineros, poblados, paisajes y bosques, visitando en uno de sus planificados viajes a las aisladas tribus indígenas asentadas de forma independiente en medio del territorio nacional, con las cuales compartió un tiempo prudente para impregnarse de sus costumbres morales y religiosas, llegando a comprender en ellos sus odiosidades por el proceso de conquista y fundaciones de capitales, transformándose en un férreo defensor de estos pueblos y los Derechos Humanos.

LEGADO AL MUNDO MINERO
No en vano, Ignacio Domeyko es reconocido en Chile como el padre de la mineralogía. Entre sus contribuciones a este ámbito destacan: la fundación de la Escuela de Minas en la IV Región; instaura la profesión de ensayador comercial, la cual consiste en vender el mineral con el precio fijado de acuerdo a la ley -contenido del metal puro- que este tiene; creó las carreras de ingeniero geógrafo; ingeniero civil de puentes y calzadas; e ingeniero en minas; impulsó a nuevas especialidades, como la realización de mensuras y planos de minas, explotación de minas, mineralogía y geología, física y química; realizó importantes asesorías en materia de legislación y propiedad minera, desarrollando, además, importantes estudios sobre las aguas potables y minerales.

 

Libros, cartas, oleos, instrumentos científicos, mobiliario del siglo XVIII y diversas reliquias oculta en su interior la casa de Ignacio

Domeyko emplazada en el Barrio Yungay.

 

TEXTO: Erick Bellido Y.